La cantante calva

Hace sesenta y siete años Eugène Ionesco estrenaba la que, podría decirse, se convertiría  en una obra culmen del teatro del siglo veinte y una de las obras más representativa del llamado teatro del absurdo, La cantante calva.

Un telón semitrasparente, un escenario con escaleras que llevan al salón donde se cuece toda la trama, una llamativa alfombra americana, además de  palabras sin sentido y diálogos temerosos.

Ionesco empezó a escribir esta pieza a raíz de un manual que compró para aprender inglés. De ahí los personajes y las conversaciones sin sentido. Una obra donde reina el desconcierto, tramas sin sentido y el humor más absurdo.